Tenemos la esperanza hecha añicos
de tanto grito sordo en el camino.
Los pies doloridos hecho sangre
de tanto deambular sin un destino.
La vida se pierde en el camino,
buscando un porqué de éste desatino.
Tenemos el cuerpo congelado
de tanta desnudez sin mas abrigo.
No hay nada contra el sudor
de los desfavorecidos,
que luchan sin un aliento
que les hable de esperanza a algo nuevo,
algo distinto de ésta soledad
que ha sepultado sus sueños,
aquellos que alimentaba desde niños.
Pasa el tiempo y en sus labios
se descompone una sonrisa.
No aprendió a reir...
No le enseñó nadie que la vida,
no es más
que un montón de lágrimas en el camino.


