Crece el llanto en los pastos
del pensamiento humano.
Crece sobre las huellas,
de una creatividad teñida de silencio.
Las mentes enlutadas,
ocultan su verdad
en tristes haces de huesos castigados.
Callan con gestos aprendidos
bajo el sonido del viento.
Son murmullos apenas audibles
sobre las hernias de los hombres
en paraísos desterrados.
Mientras los vertederos de la pobreza,
asciende a los brillantes edificios
para proclamar su suicidio
en las cismas de las inmobiliarias
y la melancolia,
creciendo en los pastos invernales.
¡El crucificado calla su último clamor,
con las preguntas de siempre
quemando su garganta,



