Llegas de la sombra del pasado,
pálida y etérea
como un destino equivocado,
con la voz matizada por la duda,
ocupando el silencio de la nada.
Tus ojos brillan en la noche
como estrellas que escapan de la luna.
Eres silencio en lejanía
y con olor a tierra mojada vespertina,
cual llanto de oscuras amapolas
ya perdidas,
renaces del silencio
día tras día...
En la mansa inmovilidad
de lo perdido,
te haces presente inmaterial
sin un principio.
Y al final...
Eres mujer y eres divina.


