aún vestida con el gris de la
derrota y amargos sonidos,
la triste melodía del silencio,
acompaña mis mesurados pasos
sin la espuma del miedo.
Plena de ilusión y esperanza,
navego por mares esquinados.
Desoyendo incómodas bocinas de imposibles,
dirijo mi barco cargado de ilusiones
y largos besos, enfrentando la muerte del nuevo
día y enfilando el camino de quien ama.
Navego henchida de pasiones,
subida en la ola marina del triunfo;
ardiente, tierna, dura, dulce,
repentina, embriagada de
esperanzas y sueños realizables.
Tiembla en el firmamento
mi equipaje de besos cargado
de heroísmo, plagado de ilusiones
y embriagadores aromas vestidos
de caricias.
No pienso en nada que me
arranque la ventura de ser mujer,
persona, ser humano y
conocedora de un mundo insuperable:
“El mundo de la poesía, donde todos
los sueños son realizables”


