Fauces marinas en las puertas del mundo,
olor a podredumbre en los anales de la historia,
secretos vociferados en noches sin luna,
dolor en el rostro del peatón anónimo.
Sangre y pólvora en las arterias,
dolor de soledades doblegadas,
boca del metro pestilente de sudores
marchitos de falsas vivencias pregonadas.
Deambular por dédalos putrefactos,
con la espalda encorvada por el tedio y la desidia,
hombres como féretros en sucios sepulcros,
la vida que grita por los rincones...
La vida que grita en silencio sin que
nada ni nadie oiga su demanda,
su ansia de ser reconocida, disfrutada,
