La vida continúa inalterable
en el descenso opaco de las horas.
En la extensión del vacío,
cuando la madrugada deja caer
su oscuro manto
dando paso a los primeros rayos de sol.
En el rigor extenso de los poros quemados
por tanto fuego de siglos...
Y cuando el cuerpo doliente
de tanto amor perdido en la lucha diaria,
clama por el alma de las flores
en el instante último de la reconciliación
con la materia y la verdad.
Entonces,
la rueda de la vida
comienza a rodar de nuevo
hacia una nueva verdad...
y una nueva vida...
Y todo acaba y comienza de nuevo,
porque es ley de vida...


