Seguimos anclados en el tiempo,
con la palabra muda en el silencio.
Seguimos caminando sin destino,
con la esperanza rota de tanto grito ahogado en el camino.
Las lágrimas silencian los gemidos
de tanto callar lo que nos rompe por dentro y sentimos.
Es que tenemos todo el cuerpo congelado,
sin que un sudor limpio y sereno,
venga a salpicarnos con agua limpia,
nos bañe de esperanza
y ahuyente la tristeza
de un amor completamente incomprendido.
Y es que el amor verdadero es tan difícil,
que no te llena,
no.
No te llena de paz y equilibrio.
Amar es un dolor que parte el alma,
cuando sientes que ese amor es un martirio.
No obstante seguimos anclados en el tiempo,
detenidos en el eje de la historia,
esperando que algo cambie en ese mañana,
que nos ha sido dado sin quererlo,
sin que cuente de dónde y cómo provenimos.


