Pasa el tiempo y todo permanece,
pasamos de un día a otro sin percatarnos,
sin saber muy bien a qué venimos a este mundo,
sin saber cual es nuestro cometido...
Las situaciones cambian;
no es que la vida cambie, los tiempos
cambian, también el modo de sentirlos,
la forma de asimilar situaciones antes imposibles.
En el pasado nos sentábamos a ver pasar la vida
en sillones orejeros recostados,
siendo espectadores de la eterna simbiosis.
Volaba la utopía entre algodones de azúcar.
Antes mirábamos la luna con ojos soñadores
y pensábamos que era lindo expresar cosas bellas
con los ojos iluminados de esperanza,
bañados por la luz mágica que de ella nacía.
No nos sentíamos dioses absolutos
de nuestro reducido Universo embozado,
sabíamos que la vida juega partidas fortuitas
y aceptábamos resultados con la conciencia limpia.
La sencillez marcaba territorios infinitos,
no entablábamos situaciones bélicas por un triunfo.
Antes volábamos en utopías sabiendo que
nuestro grito era un simple grito de supervivencia.
Hoy miramos al cielo con la cabeza erguida,
creyéndonos dioses absolutos de un futuro inventado,
pensando en la mejor forma de pisar al contrario,
ser el primero y el único es nuestra inútil contienda.
Hoy la utopía coge consistencia de realidad
porque los sueños quedaron ya lejanos en el tiempo.
hoy comprobamos que la supervivencia
depende exclusivamente del triunfo sobre el contrario.
Hoy ya no hay sueños mecidos por la luna,
la realidad cruda y latente nos arrolla con su maldad.
¡Quedaron los sueños tan lejanos!
Hoy debiéramos analizar si esta forma de vida
La fotografia, pertenece a la contraportada de mi
libro "Horas Lentas"
libro "Horas Lentas"


