Podrás herir mi alma,
podrás herir mi carne;
pero mi espíritu libre,
emergerá siempre como paloma blanca.
Te empeñarás impertérrito
en las húmedas noches,
crisálidas transparencias me colmarán de calma,
surgirás de lo oscuro de tristeza templada.
Si del abismo llegas,
soslayaré tu embate,
hasta llegar al sitio de mis amables sueños,
de mi niñez perenne que la pena soslaya.
No me digas que soy náufrago
de mi propia tristeza,
del odio o de la ira,
soy espíritu libre y mi vida está en calma.
Aunque vengas cual oquedad devoradora
de mundos y de siglos,
no hincarás tus fauces en mi ser ni en mi alma,


