Párpados llorosos de la tierra
Metales en sus entrañas
Cobre y plata sin brillos
ni matices; oro fino.
Puñales en corazones heridos
hundidos en los tiempos
de todos los países
En todos los ancestros.
Amapolas que mueren cada día
Tiempo exterminado
Sólo aspiro la soledad del aire,
la boca del espanto y su silencio.
Entre corales de espuma suspendida,
busco la risa pronta del delfín,
cegado por el humo asfixiante


